RETRANSMITIENDO DESDE ATENAS

Mientras aparcamos, vemos gente bajando las escaleras corriendo hacia nosotras, nos abrazamos, ha pasado mucho tiempo! Qué alegría, qué alto estás, te he echado de menos... Se acerca Noora, nos abraza, no está contenta, en seguida nos dicen que Nahla está fatal. Al mirar hacia donde señalan distinguimos unos gritos de dolor que llegan desde el interior. Al entrar, la vemos, llorando, pálida, con el gesto desencajado, retorcida de dolor.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no la llevais al hospital? Espetamos al trabajador de la organización que regenta el hotel.

-Hemos llamado hace más de una hora para pedir una ambulancia y hemos insistido varias veces pero es que ...ya sabes, es que en Atenas… -el pobre muestra cara de auténtica preocupación, cosa extraña entre los trabajadores de este tipo de ONGs quese encargan de gestionar el alojamiento de las personas refugiadas.

Y “es que en Atenas…” se nos olvida que Grecia está sumida en una crisis fatal que hace que nadie reciba buenos servicios; no es una cuestión racista, es una cuestión económica. Las ambulancias son muy escasas, la gente espera horas con cólicos nefríticos, con caderas rotas, hace unos días una mujer estuvo seis horas esperando en un campo a veinte minutos de la ciudad ¡mientras le daba un ictus!

Y piensas, bueno, es normal… y a la vez, salta el resorte que te recuerda que no deberían estar ya aquí...

Paramos todo lo que íbamos a hacer y cogemos a Nahla para llevarla a urgencias del hospital más cercano; 40 minutos en coche pueden hacerse muy largos y muy tensos cuando alguien se va muriendo de dolor en el asiento de atrás.

Otra vez, Grecia… las urgencias saturadas. Los médicos de este hospital eran encantadores, pero nadie nos libró de pasarnos todo el día esperando entre unas pruebas y otras. Finalmente se queda ingresada, neumonía. El médico dice que es normal; Nahla está muy delgada, todos están bajos de defensas, llevan más de un año y medio viviendo en condiciones muy precarias y con unos niveles de estrés emocional altísimos, y, claro, eso les debilita.

Y piensas, sí, normal, pero es que ¡no deberían estar ya aquí!

Noora, que nos ha acompañado todo este tiempo, se queda a pasar la noche con ella. Estar en los hospitales no es nunca plato de buen gusto, quedarse ingresada sola siempre da “penita de uno”, ahí, tan vulnerable… pero todo esto sin saber ni una palabra del idioma, sin saber nunca adónde te llevan, ni qué esperar puede llegar a ser aterrador. Unas llamadas a otras mujeres que viven en el hotel organizan quién cuidará de los niños. Las dos viajan solas y suman 5 niñosa su cargo mientras esperan pacientes a poder reunirse con sus maridos en Holanda y en Alemania. Bueno, pacientemente, con una gran desesperación porque, como todos, ellas están también hartas de esperar.

Y es que esto NO es normal, ¡¡¡estas mujeres NO deberían estar ya aquí!!!

*Las historias retransmitidas son 100% hechos reales.Los nombres de personas y lugares son ficticios para proteger su intimidad.

Añade tu comentario